¿Eres culpable?

¿Eres culpable?

¡Culpable! Te puede recordar a una buena película de cine. O quizá te recuerde a tu propia película, la que tú has vivido o estás viviendo.

Culpable por dedicarte a algo diferente a lo que tu familia quería
Culpable porque te gusta una persona muy distinta a los “niveles” de tu entorno
Culpable por tu orientación sexual
Culpable por aquello que hiciste hace años
Culpable por no llegar al éxito al que crees que debes llegar
Culpable por ……

Agrega a ti la tuya, sería un listado interminable pues según el que lo lea, puede coincidir en las anteriores o aportar alguna nueva.
Todos, en un grado u otro, tenemos sentimientos de culpabilidad.

El origen de la culpa

Todo comienza en nuestra infancia. De pequeños, escuchamos frases como eres torpe, eres tonta, eres malo… Puede que nuestros educadores, nuestros padres o quien ejerciera ese papel, nos lo dijera en algún momento y etapa de crecimiento. Con todo el amor del mundo y con los recursos y conocimientos que tenían en ese momento, quisieron ayudarnos a través de la crítica destructiva o los juicios negativos. Claro, eran y son las personas más importantes y, por ello, te fuiste creyendo todas esas frases y las convertiste en creencias y pensamientos continuados y limitantes.

Quizá esa culpabilidad también puede tener su origen en la religión. Hay religiones demasiado estrictas que te hacen ver culpable por tus comportamientos, por tus creencias y por esos hábitos que mantienes. También es una fuente de culpabilidad en muchas personas que sienten que todo lo han hecho mal y que han incumplido preceptos religiosos.

¿Cuál es la Solución?

El PERDÓN. El perdón es la herramienta que realmente puede disolver toda tu culpa, tengas mucha o poca, la lleves teniendo durante pocos o muchos años. El perdón te dará como primer beneficio una gran tranquilidad.
IMPORTANTE: para perdonar, no hace falta – si no lo deseas – que hables con las persona o personas que consideras origen de la culpabilidad.

Estas son las 3 fases que recomendamos

  1. Perdona tu pasado
    El pasado ya no vuelve, solo tenemos el presente. Te invitamos a que dejes el pasado donde está, precisamente en el pasado. Y que te centres en el presente. Que entiendas que todo lo que pasó tuvo una causa y una razón de estar ahí y que seguramente te ha hecho más fuerte, más consciente, más tú mismo, tú misma.
  2. Perdónate a ti mismo
    Es fundamental que ya te perdones. Recuerda esta frase: “lo hiciste lo mejor que pudiste en cada momento, con los recursos y conocimientos que tenías en ese momento”. Si lo entiendes así, no te culpes, lo hiciste lo mejor posible, ámate, perdónate ya mismo.
  3. Perdona a tus padres
    No los culpes. De nuevo, aquí recordamos la frase que acabamos de mencionar. Ellos, tus padres o educadores, lo hicieron lo mejor posible en cada momento con los recursos y conocimientos que tenían. Aprende a aceptar que son los padres que te tocaron y que han cumplido su papel y que aún en su forma de educarte (con lo que sabían) lo han hecho desde el AMOR.

Y, por último, una recomendación final y que es de vital importancia, hazte tu mejor amiga, tu mejor amigo, elimina a ese autosaboteador que te dice que no avances, que te pone una y otra vez en el papel de víctima. En este “juego” de la vida, todos estamos aprendiendo. Tienes una nueva oportunidad cada día para perdonarte, aceptarte, amarte y seguir creciendo en dirección a la vida que deseas, ADELANTE.

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