El secuestro amigdalar: el miedo

¿Sabías que tus emociones te pueden secuestrar? Es lo que se llama, en el caso del miedo, “el secuestro amigdalar
¿Qué puedes hacer, llamar a la policía?… sigue leyendo, te lo contamos más adelante.

Los humanos tenemos una emociones universales (alegría, tristeza, ira, asco, sorpresa, miedo) que se reflejan en el rostro exactamente igual con gestos musculares tan sutiles a veces, denominados micro-expresiones faciales. Es muy interesante el estudio realizado por el psicólogo e investigador Paul Ekman al respecto, utilizado, por ejemplo, para detectar la mentira de un sospechoso en investigaciones policiales.

Lo verdaderamente destacable es entender el mensaje que tiene oculto esa emoción para poder así decidir en lugar de reaccionar. Ese mensaje es para ti, y si lo ignoras tendrá consecuencias negativas:

– El miedo: no estás preparado ante la situación futura, real o imaginada
– El asco: no es comestible o esa persona no te conviene
– La ira: has de defender tu territorio, hay una amenaza
– La alegría: es para sociabilizar y relacionarte con tus semejantes
– La sorpresa: necesito más información
– La tristeza: he perdido algo en mi vida o lo voy a perder

Entendiendo el mensaje puedes decidir y de esta forma tendrás el control de la situación, así podrás tomar mejores decisiones, realizarás mejores acciones y conseguirás mejores resultados que te acercarán a los objetivos que te hayas marcado.
Tiene sentido, ¿verdad?

Cuando entendemos lo que nos sucede tenemos el control. Lo contrario es el descontrol, no hay punto medio.

Además, supongo que cuando pierdes el control y comentes actos no adecuados (por definirlo de forma suave) luego te sientes mal contigo mismo, te sientes culpable , te baja la autoestima y si eres capaz de pedir perdón y remediarlo pues menos mal, pero muchas veces ya no hay vuelta atrás y el daño causado por esa acción descontrolada ya no tiene solución.

Pregúntate: ¿Pierdes el control a menudo? ¿Cuál es tu emoción negativa recurrente? Analiza el mensaje oculto de esa emoción.

El secuestro amigdalar

Volvemos a lo que comentamos al principio:  “secuestro amigdalar”:

La amígdala es la zona del cerebro que regula la emoción del miedo. Se conoce también como el botón del pánico, porque ante la amenaza de un peligro para el individuo se activa y lo prepara, enviando glucosa y oxígeno a los músculos de brazos y piernas, para huir o atacar y así garantizar de esta manera la supervivencia.

Es por tanto, un mecanismo biológico de protección de la especie, muy útil en situaciones de peligro real desde la prehistoria para defenderse del ataque de depredadores, pero que dada la evolución de la sociedad a nuestros días esos peligros ya no existen. Lo que pasa es que genéticamente lo tenemos activado todavía.

El secuestro amigdalar hace referencia a que asociamos un peligro, (como por ejemplo hablar en público), al ataque prehistórico de un tigre dientes de sable. La amígdala lo considera como situación extremadamente peligrosa y corta la conexión con el neocórtex (cerebro racional que procesa información desde la lógica y razón). Este “cortocircuiro neuronal” es el conocido secuestro amigdalar, que en caso del “gravísimo peligro de hablar en público” te produce bloqueos, sudoraciones y mente en blanco.

¿Verdad que sería mejor en este caso que no te “ayudase” la amígdala? ¿Qué opinas?

¡Te leemos en los comentarios!

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